OBRA
"Vista de Estambul desde el mar de Mármara"
MATERIALIDAD
Azulejos de cuarzo esmaltados
Cuantas veces me he chocado de frente con esta imagen. Y como el que ve llover.
Si me la pusieran delante, en un proceso investigatorio, y me preguntaran vehementemente:
- ¡Conteste! ¿ Ha visto usted esta imagen? Repito: ¿Ha visto usted esta imagen?
Yo miraría perpleja al investigador y diría: ¡NO!. Toda convencida.
Sin embargo, la he mirado todas las veces que he vuelto a casa en el metro durante un año. Y no la he visto.
Lo mismo pasa con otras muchas cosas que transcurren a tu alrededor mientras vives.
Pueden ser objetos vivos o inertes. Historias del presente o del pasado. Formas, dibujos o imágenes.
Gestos, percepciones, comentarios...
Deambulan a nuestro alrededor y no son captadas conscientemente por los sentidos.
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A raíz de esto, he pensado en un sensación similar que me ocurrió:
escuchando sin ver,
y de golpe percibí (ví)
surgió la imagen,
la historia y
finalmente el pensamiento:
Conversación tranquila con algunos familiares. Comentarios anecdóticos de unos y otros. Yo escucho con atención. De repente una de las personas citadas, cobra protagonismo en mi mente. De alguna forma, me llama la atención sin motivo particular. Es captada. Y se convierte, efectivamente, en el protagonista.
Andrés Sorro. No sabemos si era juez o forense. Lo que todos sabían era que, cuando se moría alguien él dejaba lo que estuviera haciendo y salía corriendo.
Nadie movía un dedo hasta que él llegaba. O sea, le tenían un respeto. Aunque
por lo que parece tenía muy mal genio y daba miedo. Tenía un gesto duro, poco
pelo, la cara casi siempre manchada de polvo.O algo parecido.
Y llevaba una
bata azul.
Es que mientras no hacía de forense trabajaba en una tienda de
recuerdos, que era toda de madera. Tenía un pasillo largo que daba miedo y
había en vitrinas diferentes tipos de baldosas en las que había algo inscrito.
A veces en esa tienda estaba su hijo, que ya estaba casado, y le pegaba.
Le
daba cogotazos delante de la gente, y claro, eso da miedo.
Me quedé con la duda
de juez o forense. En cualquiera de los casos, no había estudiado. Era una
profesión de esas de antes, que no hacía falta estudiar y se aprendían con el
tiempo, de ver y ver a la persona a la que acompañabas.
Qué difícil imaginarte
eso ahora.
El pobre hombre con su
pluriempleo, hizo dinero. Como la gente de antes, que trabajaba mucho y ganaban
lo que tenían a fuerza de trabajo y sacrificio.
Tuvo un hijo. (A mí también me
impresionó la idea, dado lo ogro que me lo habían puesto. La mujer tenía una
peluquería)
También Andrés.
Pero ya ni forense ni juez. Ya ni ogro ni tienda de
recuerdos. Solo gastador de lo que el padre había ganado. Se compró una moto.
Tuvo un hijo. El tercer Andrés.
Y decía, “yo me gasto todo el dinero. Mi hijo
que se busque la vida”.
Cuarzo esmaltado-Planteamientos de vida-Saltos generacionales

Es que vamos sin ver... Miramos, pero no vemos, sumidos en nuestras rutinas diarias, con un montón de cosas en la cabeza, organizando constantemente en la cabeza la lista de tareas por hacer... Y no vemos... Y nos perdemos cosas...y qué decir de las personas... Nos cruzamos todos los días a las mismas personas, con rutinas parecidas a las nuestras... Pero, ¿a cuantas vemos?.
ResponderEliminarA mi encanta viajar y conocer sitios nuevos, porque además de lo que supone la experiencia en sí, mi mente está en "modo esponja"...me fijo mucho más en pequeños detalles, como en la decoración de una cafetería, en la música que suena en un determinado momento, en los olores, en los sabores de lo que como o bebo, en las caras de la gente con la que me cruzo, en las sensaciones que me produce una determinada vista... Algunas veces hasta lo pienso y me digo..."haz una fotografía mental de todo esto, respira hondo, disfruta de este momento y recuerda..." para poder volver a ese lugar, en cualquier otro momento... cuando regrese a las rutinas y deje de ver...
Es normal, al menos eso me autoconvence, mirar y no ver; oír un nombre y nunca jamás recordarlo, no importa que sea una persona, un lugar, una comida. Podría recordar sin poder explicar el olor de muchos lugares donde he estado, y podría tararear la banda sonora de cada momento. Pero no puedo recordar nombres.
ResponderEliminarY puede ser similar lo que ocurre con las imágenes, todas aquellas que miramos y no vemos. que, en el fondo no recordamos.
Antes luchaba contra ello, pero estoy convencida del instinto de cada uno, que nos hace interiorizar lo que para cada uno es importante. ¿No lo has visto?, otro detalle ha sido captado, desde ese u otro sentido.
Aportando a los comentarios de las dos:
ResponderEliminarIrene, todo lo que dices, podemos asociarlo a lo que hablaba hoy sobre el momento presente. Muchas veces, vamos andando, pero no vamos en el presente, vamos en el pasado o en el futuro, pensando lo que hicimos o los que vamos a hacer; entonces la mente no está 100% en el momento presente.
Por otro lado, según lo comentado por Bea, también pienso, que aunque estés en el presente, el cuerpo tiene sus mecanismos de defensa y filtros. Seguramente, si fuéramos conscientes de todo lo que percibimos cada segundo, nos volveríamos locos. Por eso el organismo se encarga de filtrar.
Entonces, sale otro tema de discusión, filtramos bajo qué criterios?? qué criterios insconscientes discriminan la información??