jueves, 20 de marzo de 2014

Diario de una 35añera. Día 0.

Perdona y olvida
Escucha, comprende y aprende
Aprecia y agradece
Duerme menos y sueña más.
Celebra y diviértete.
Ejercita tu cuerpo y también tu mente
Quiere mucho y mímate
Cómprate y regala.
Enamórate.
Habla menos y di más.
Evoluciona y se un poco mejor cada día.
Imagina y crea.
Simplifica los problemas.
Hazlo hoy, hazlo ya.
Para estar radiante, sonríe sin parar.
Simplemente intentarlo.





lunes, 3 de marzo de 2014

Recordando aquel viaje


Cierro los ojos. Escucho de fondo la canción Shine on you Crazy Diamond, de Pink Floyd. Y me imagino discurriendo por una carretera recta, casi infinita. Desplazándome por un atardecer sin límites. Inmersa en un maremágnum de colores que juegan a hacerme llorar.

Trescientos sesenta grados de azules, violetas y morados. Alardeando todos de su inconcebible gama de matices. Variando en cada punto del espacio y en cada segundo de tiempo.

Ojos cristalinos. Corazón encogido. Garganta muda.
Y mente pletórica de fascinación por vivir esta maravilla.
Por estar ahí y en ese momento, en ese lugar, en este país.




domingo, 2 de marzo de 2014

Adioses y holas.

Si todo va según lo previsto, hoy es el último domingo que estoy escribiendo desde este lugar. 
Seguramente volveré, pero ya no será mi sitio. Vendré de visita, a ayudar a preparar unas tortillas, como invitada a una fiesta..o a lo mejor, para charlar con los chicos un día que surja.

Por eso, hoy he hecho algunas de las cosas que me han hecho sentir muy bien mientras he vivido aquí: 

  • He disfrutado de la terraza. Del espacio, de las vistas. Al principio siempre me llamaba mucho la atención la visión nocturna desde aquí. Llena de luces parpadeantes, rojas y blancas, sobre los edificios. Centelleos que no me dejaban concentrarme en el libro con el que estaba por aquel entonces. Crimen y Castigo.
  • Me he echado una siesta al solecito,en el sillón que hay en la terraza...recordando la sensación que tenía al principio, de vivir en un apartamento de vacaciones. Recordando conversaciones y momentos vividos en ese lugar.
  • Me he hecho una pizza en el horno, y he recordado aquella vez, que dejé la bandeja  llena de agua para que se despegara algo. Y entonces, Rodrigo, por la mañana, puso sus deseadas tostadas de pan a hornear, sumergiéndolas en la lámina de agua que había en la bandeja. Y, claro, de repente, sus tostadas, eran cualquier cosa, menos crujientes. Y recuerdo la cara de decepción de Rodrigo. Y mi cara de susto por su reacción. Y su leve sonrisa. Y la mía. Y las veces que lo contamos como anécdota partiéndonos de risa.
Digo adiós a este lugar. Como nos ha dicho adiós Paco de Lucía. Y como, recordando el último concierto que dio en Santiago, también he dicho adiós a los sentimientos que tenía en aquel momento.

Tenemos que decir adiós cuando nos despedimos, cuando nos vamos a otro lugar, y nos alejamos de los espacios y de las personas con las que estábamos.

No es mi objeto transmitir tristeza. Aunque puede haberla, el adiós implica nuevos saludos, nuevas bienvenidas, nuevos descubrimientos. Y esto es motivo de emoción positiva.

Además, siempre queda lo vivido. Eso que dentro de nosotros conecta lo que dejamos con lo nuevo 

Eso que permanece independientemente de adioses y holas.