lunes, 3 de marzo de 2014

Recordando aquel viaje


Cierro los ojos. Escucho de fondo la canción Shine on you Crazy Diamond, de Pink Floyd. Y me imagino discurriendo por una carretera recta, casi infinita. Desplazándome por un atardecer sin límites. Inmersa en un maremágnum de colores que juegan a hacerme llorar.

Trescientos sesenta grados de azules, violetas y morados. Alardeando todos de su inconcebible gama de matices. Variando en cada punto del espacio y en cada segundo de tiempo.

Ojos cristalinos. Corazón encogido. Garganta muda.
Y mente pletórica de fascinación por vivir esta maravilla.
Por estar ahí y en ese momento, en ese lugar, en este país.




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